Heridas de reflejo

La chica yacía en su asiento con la cabeza agachada. No quería estar allí, y no porque se arrepintiera de haberse manchado las manos, sino porque su mente no le daba descanso. Lloraba junto al hombre que le había dado la vida. Ese que caminaba por otros mundos quizás más agradables o por pesadillas más positivas. Aun así, lo tenía claro: odiaba aquella situación. Jamás pensó que pudiera ocurrir algo así. Se trataba de esa pequeña realidad de los telediarios y la prensa que sabemos que existe, pero de la que no somos realmente conscientes. Aquella joven había intentado matar a alguien. Concretamente a una persona que amaba y que le había acompañado siempre. Había usado toda su furia, le había intentando arrebatar el alma. Por poco casi crea un fantasma.

Los motivos habían estado escondidos mucho tiempo mientras crecían en un corazón enfermo. Nadie fue capaz de advertir ninguna pista. Simplemente, ella tragó y acumuló todo dolor sin mediar palabra. Creyó que funcionaría y que tarde o temprano lo superaría, pero le explotó en la cara. Acabó desangrándose a través de cientos de lágrimas.

Después de esperar un buen rato, finalmente la llamaron. Entró a una pequeña sala en la que, a través de una mesa, le esperaba un señor trajeado en su butaca. De esta manera, allí compartió una larga e interesante charla en la que emergió todo: una sociedad corrupta había maldecido una mente inexperta. Existe gente que le echaría la culpa a la joven, pero sencillamente resultó esclava de un mundo injusto. Daba igual, lapobre nunca estaría conforme.

Lo que había hecho fue lanzar varios puñetazos furiosos contra un espejo, esparciendo así una enorme cantidad de pequeños pedazos de su reflejo. Fue ahí cuando se destruyó moralmente a sí misma y se cortó con los restos de su propio homicidio. Había atentado contra una chica repleta de miedos, inseguridades y complejos. Había intentado acabar con lo que le atormentaba y que tanto daño le había hecho.

Por suerte, contaba con aquel profesional. Tal vez sería capaz de reconstruir su imagen personal. Al menos ahora tenía claro que no quería acabar como los demás; como muchos que en el mismo caso no vieron otra opción que dejarse llevar por la oscuridad, o como aquellos que vivieron todo el tiempo a la vez que moría su personalidad.

Ella no lo deseaba. Ella solo buscaba libertad. Era una pena que entre gente aparentemente normal, el reflejo de aquella buena chica hubiese sido corrompido, quizás, por el simple azar.

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